pH del suelo: por qué importa y cómo ajustarlo
Guía completa sobre el pH del suelo: qué es, por qué bloquea nutrientes como el hierro, cómo…
El suelo es la parte del jardín que menos se ve y más importa. La textura de la tierra —cuánta arena, limo y arcilla tiene— decide cuánta agua retiene, cada cuánto hay que abonar y qué plantas van a prosperar. La buena noticia: casi cualquier suelo se puede mejorar con la enmienda adecuada y algo de paciencia, y la enmienda universal es siempre la misma: materia orgánica (compost, mantillo, estiércol maduro).
En esta sección encontrarás cómo identificar tu tipo de suelo con pruebas caseras y qué plantas le van bien; cómo mejorar un suelo arcilloso pesado o uno arenoso que no retiene nada; qué es el pH del suelo, por qué importa (bloquea o libera nutrientes) y cómo ajustarlo; qué es el acolchado o mulching y cómo aplicarlo para ahorrar agua y frenar las malas hierbas; y cómo hacer compost casero en 5 pasos, con la proporción correcta de material verde y marrón.
Un jardín construido sobre un buen suelo necesita menos riego, menos abono y tiene menos plagas y enfermedades. Merece la pena dedicar el primer año a mejorar la tierra antes que a comprar plantas: es la inversión que más rinde. Empieza por conocer tu suelo y, a partir de ahí, todo lo demás —riego, elección de plantas, abonado— se decide mejor.
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Guía completa para hacer compost casero en 5 pasos: qué compostera elegir, qué materiales sí y qué…
Guía completa para identificar tu tipo de suelo con pruebas caseras (arcilloso, arenoso, limoso,…
Prueba de la bola: coge tierra ligeramente húmeda y aprieta. Si se deshace, es arenoso; si forma una bola que se moldea como plastilina y hace cinta al frotarla, es arcilloso; si forma una bola que se agrieta y tiene tacto harinoso, es limoso o franco. La prueba del bote (tierra + agua en un tarro, 48 h de reposo) te da las capas exactas de arena, limo y arcilla.
Con materia orgánica abundante (compost, mantillo) incorporada los primeros años y luego como acolchado anual; nunca trabajes la arcilla mojada (se apelmaza); añade arena de río gruesa junto con la materia orgánica (nunca sola); evita pisar los parterres; y planta especies que toleren la arcilla mientras el suelo mejora. En dos o tres temporadas cambia por completo.
Es cubrir el suelo alrededor de las plantas con una capa de material orgánico (corteza, paja, restos de poda triturados, compost) o mineral (grava). Reduce la evaporación (menos riego), frena las malas hierbas, mantiene la temperatura del suelo estable, evita la costra por la lluvia y, si es orgánico, alimenta el suelo al descomponerse. Es una de las prácticas que más mejora un jardín con menos esfuerzo.
Entre 3 y 12 meses según el método. Un compost activo (buena proporción verde/marrón, humedad de esponja escurrida, volteos periódicos y volumen suficiente) puede estar listo en 3-4 meses en verano. Un compost "en frío", solo acumulando restos sin voltear, tarda de 6 meses a un año pero requiere cero trabajo.
El pH determina qué nutrientes puede absorber la planta. En un suelo demasiado alcalino (calizo), el hierro y el manganeso se bloquean y aparece la clorosis (hojas amarillas con nervios verdes); en uno demasiado ácido, escasean el calcio y el magnesio. La mayoría de las plantas de jardín prefieren un pH de 6 a 7. Las acidófilas (hortensias azules, azaleas, camelias, arándanos) necesitan pH por debajo de 5,5.
Sí: restos de fruta y verdura, posos de café, cáscaras de huevo trituradas, césped seco, hojas, restos de poda triturados, papel y cartón sin plastificar. No: carne, pescado, lácteos, aceite, heces de perro o gato, plantas muy enfermas, malas hierbas con semilla y restos tratados con herbicida. Alterna capas de material verde (húmedo, con nitrógeno) y marrón (seco, con carbono).